Ica, Ciudad del Eterno Sol
Tierra de sol eterno, de dunas que barre
incansable el viento y de una costa privilegiada, Ica es un verdadero oasis en
medio del corazón de las planicies de la costa sur peruana. A pesar de
encontrarse en medio de uno de los desiertos más áridos del planeta, Ica produce
inmejorables espárragos, uvas, pecanas, pallares y frijoles, entre otros
cultivos de exportación gracias al notable esfuerzo de sus agricultores,
herederos de una tradición que se remonta a tiempos anteriores a los incas. Fue
aquí, en medio de un paisaje casi lunar, de atardeceres de ensueño y de una
costa tan salvaje como sorprendente, que se desarrolló la cultura Paracas,
famosa en el mundo entero por los exquisitos mantos textiles hallados en sus
entierros.
Hoy Ica ofrece una larga lista de atractivos turísticos que van desde casonas y
bodegas con siglos de historia a hermosas playas donde la vida silvestre crea
espectáculos excepcionales, pasando por las famosas líneas de Nazca, sitios
arqueológicos alucinantes y extensas pampas desérticas ideales para el off
road y los deportes de aventura (ala delta y sand board).
Los valles iqueños forman parte de la inacabable Ruta del Pisco y atesoran más
de una sorpresa gastronómica que usted no debe perderse: huertas tan antiguas
como los canales precolombinos que las riegan donde se producen unos pallares y
espárragos verdes memorables, además de jugosos higos y pecanas que se unen para
el deleite de los reposteros. Sus viñedos, los primeros del país, producen
piscos de excelente calidad, y sus remotas playas de arena regalan a los
pescadores más persistentes los mayores lenguados y corvinas de nuestra costa.
Apenas a minutos de la ciudad se encuentra Huacachina, un oasis de película
rodeado por enormes dunas de arena fina que fuera el balneario favorito de los
iqueños más renombrados a mediados del siglo XX. Parte del atractivo de esta
región es internarse por los caminos que bordean sus chacras, entre alamedas de
huarangos y palmas datileras.
Allí están las señoriales haciendas Tacama, Vista Alegre y Ocucaje, por
mencionar solo a las más renombradas, poseedoras de extensos viñedos donde
producen excelentes tintos y piscos. Con sus espacios remodelados, algunas de
ellas funcionan hoy como albergues para turistas y ofrecen la posibilidad de
conocer de cerca el proceso de producción del pisco y el vino, en medio de sus
relajantes paisajes rurales. Súmele a todo esto una buena copa de su famoso
pisco sour para completar la experiencia.
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